Perseguimos el desarrollo armónico de todas las dimensiones de la persona: física, psicológica y trascendente.
- Educación de las emociones
- Desarrollo de las Virtudes
- Educación afectivo-sexual
- Proyectos de Aprendizaje-servicio
- Trabajo cooperativo
Proyecto educativo del centro

1. Introducción
El Proyecto Educativo de Centro (PEC) es un documento de carácter pedagógico elaborado por la comunidad educativa que enumera y define los rasgos de identidad de nuestro centro, formula los objetivos que se han de conseguir y expresa la estructura organizativa y funcional del centro educativo. Este puede ser consultado en su totalidad en la secretaria del colegio.
El colegio Santiago Apóstol es un colegio diocesano que ha sido confiado por el arzobispado de Valencia a la Congregación Cooperadores de la Verdad de la Madre de Dios. Como tal, el proyecto educativo del centro responde a una misión concreta, una visión del hombre y de la educación y unos valores que hunden sus raíces en la tradición católica.
2. Orígenes
A principios de siglo XX, entre las antiguas alquerías de Tendetes y Marxalenes existía una ermita llamada “Nuestra Señora del Rosario”. Los terrenos anexos a las dependencias de la ermita, propiedad de Doña Matilde Caro Bassiero, Condesa viuda de Rótova, fueron cedidos por ella, al fallecer en 1910, a la Iglesia de Valencia para establecimiento de escuelas católicas.
Así, en 1915, nacieron las “Escuelas del Ave María”, las cuales funcionaban como Jardín de Infancia al que sólo asistían niñas, hasta que en 1953 pasan a formar parte de las Escuelas del Patronato del Arzobispado de Valencia, vinculadas a la Parroquia “Santiago Apóstol”, erigida el 15 de julio de 1941. En esta zona pobre y marginal de la ciudad, las escuelas atenderán a niños y niñas, socialmente necesitados, de 3 a 14 años.
El 5 de marzo de 1966 fue bendecido el actual templo parroquial por el Obispo Auxiliar de Valencia, Don Rafael González Moralejo. En torno a esa fecha, también se inauguró el edificio del “Cine Olóriz” y la casa abadía. Esto se llevó a cabo gracias al empeño del Párroco, Don Vicente Ruiz, que levantó el complejo parroquial tras la Riuà de la ciudad en 1957, que dejó en ruinas la iglesia y las escuelas parroquiales.
A mediados de los años 80, se asfaltan los patios de tierra, con aportaciones de los feligreses y los padres de familia. Desde el curso 1984-85, con la aplicación de la LODE, el Colegio se acoge al régimen de conciertos educativos, y durante el curso 1992-93, se adapta a las exigencias de la LOGSE para implantar la Educación Secundaria, que configura la oferta educativa que aporta hoy en día: desde Infantil 3 años hasta 4º ESO.
Hoy, casi un siglo después, el Colegio “Santiago Apóstol” forma parte de la Fundación “San Vicente Mártir” de Colegios Diocesanos de Valencia y, desde el curso 2015-16, fue confiado por el arzobispo de Valencia, D. Antonio Cañizares, a la Congregación “Cooperatores Veritatis de la Madre de Dios”.
Urgidos por el Ayuntamiento de Valencia, al ejecutar su plan de reurbanización de las calles colindantes, y gracias a la generosidad de la Diócesis, se emprendió con rapidez la remodelación de las instalaciones del Colegio, levantando un edificio de tres plantas sobre los cimientos ya existentes desde el año 2010.
Desde el curso 2017-2018 contamos con un Colegio moderno, eficiente energéticamente, y con todos los medios necesarios para desempeñar la labor educativa acorde a nuestro tiempo.
Posteriormente, las instalaciones se completaron levantando un Gimnasio y albergando en su semisótano diversas salas multiusos.
3. Misión
El colegio Santiago Apóstol es una obra de la Iglesia y nace como una decidida contribución a su misión evangelizadora. Por ello, abren sus puertas a toda clase de niños y jóvenes, especialmente pobres y alejados de la fe, a quienes ofrecen, en el amor y el respeto, a Jesús, el Hombre Nuevo, como Camino, Verdad y Vida de la propia existencia.
Así pues, y siguiendo la senda abierta por san José de Calasanz, entendemos que la misión de esta obra educativa es la de evangelizar educando mediante la formación en la piedad y las letras. Ello requiere que todo en el colegio esté llamado a evangelizar, especialmente los educadores que con su testimonio y magisterio hacen de toda relación una Buena Noticia.
Consideramos la educación en la escuela católica como un medio (ministerio) insustituible para llevar a cabo de manera eficaz la misión evangelizadora de la Iglesia. Entendemos por educación la intensificación ordenada del proceso de desarrollo del niño como persona en lo físico, afectivo, intelectual, social, moral y cristiano.
4. Visión
Todo acto educativo presupone una comprensión de la persona y su relación con la creación. Sin ánimo de ser exhaustivos, sintetizamos así nuestra visión del educando, del educador y de la educación.
4.1.Sobre el educando
En Cristo se revela la imagen del hombre perfecto, imagen que el niño está llamado a reproducir por medio de la educación y la gracia. Cada hombre está llamado a desarrollar, por medio de la educación recibida y del esfuerzo personal, el conjunto de aptitudes y cualidades que ha recibido como un germen desde su nacimiento, para hacerlas fructificar, porque toda vida es vocación.
En el corazón de cada niño late una sed profunda de Dios que los ama y los llama con una elección eterna a una novedad, un crecimiento y una vida mejor para cada uno de ellos.
Lejos de todo naturalismo ingenuo, reconocemos en la naturaleza humana, también de los niños, los efectos del pecado original, particularmente la debilidad de la voluntad y las pasiones desordenadas del alma.
Buscamos por tanto el desarrollo armónico del niño, en todos los aspectos de su ser, privilegiando la educación sobre la mera instrucción, especialmente durante los primeros años, considerados como el cimiento más firme de período escolar, por ser los años de desarrollo más intenso.
Respetamos los diferentes estadios evolutivos de los niños, de acuerdo con los descubrimientos de las ciencias humanas, y por ello damos un tratamiento educativo diferente según los niveles o etapas. Respetamos, también, las diferentes necesidades educativas de niños y niñas, por lo que les atendemos de manera convenientemente diferenciada, según los diversos momentos evolutivos.
4.2.Sobre la educación
Jesús niño que crecía en edad, gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres, al amparo de la Virgen María y de San José, se convierte en el paradigma de todo crecimiento y, por tanto, de todo proceso educativo auténtico.
Nuestra escuela aspira, por tanto, a promocionar el desarrollo del niño en sus tres dimensiones: física, psíquica y espiritual, pero siendo consciente de que la persona es una y que cada persona es única, y que es el amor generoso, incondicional y diligente el motor del verdadero crecimiento.
La educación está llamada a promover de manera real y eficaz el desarrollo de la inteligencia y de la voluntad de cada sujeto para que, en verdad, cada joven llegue a ser responsable tanto de su propio crecimiento como de su propia salvación.
Sabiendo la fragilidad de la naturaleza humana, la educación toma como importante tarea la de corregir las inclinaciones desordenadas y fomentar las tendencias al bien, y sobre todo la necesidad de iluminar el entendimiento y fortalecer la voluntad con la Verdad revelada y los medios de la gracia, sin los cuales es imposible dominar las propias pasiones y alcanzar la debida perfección educativa.
Damos una primacía a la educación sobre la mera instrucción lo cual significa, entre otras cosas, buscar como meta principal el desarrollo de la persona y considerar el aprendizaje como un fruto maduro de dicha evolución del sujeto, consecuencia de un trabajo bien hecho de búsqueda y elaboración personal.
4.3.Sobre el educador
El desarrollo de los alumnos depende en gran medida del grado de desarrollo humano y cristiano del educador, así como de sus aptitudes educadoras, más que de sus conocimientos o técnicas. La calidad de su hacer depende del desarrollo de su ser. Por ello en su formación permanente ocupará un lugar prioritario su formación personal.
La paciencia, la humildad y el amor constituyen el substrato permanente de la actividad pedagógica del educador Cooperador de la Verdad.
Su función como “educador” incluye las siguientes dimensiones:
- preparar y proponer el trabajo a realizar de modo que dinamice y ponga en actividad a los alumnos,
- ocupar el lugar central de la clase, desde donde está presente a cada uno de los alumnos, al grupo y al trabajo,
- provocar, suscitar relaciones cada vez más plenas y conscientes de cada uno consigo mismo, con su propio trabajo, con los demás, con la realidad en general,
- intervenir siempre que sea necesario, sea individual, sea grupalmente, para reconducir la actividad, redimensionarla, enriquecer su vivencia, finalmente, concluirla cuando el tiempo establecido haya transcurrido.
Pero también es “educador” en cuanto que su finalidad es trabajar no sólo en función de los programas, la materia o el libro, sino para “ensanchar el alma” de sus alumnos, es decir, para ayudarlos a desarrollar su conciencia y su capacidad de presencia a sí mismos y a la realidad.
Finalmente, y sobre todo, es “educador” en cuanto que aporta con su testimonio personal y vital, además de con su palabra, un alimento sólido al “alma” de sus alumnos, sedientos de verdad y de certezas que contribuyan a fundamentar sólidamente su vida.
El educador procurará tratar a sus alumnos como personas singulares y tener presentes las características propias del grupo para crear un clima educativo que estimule el respeto, la aceptación y la cooperación. Deberán establecerse unas relaciones positivas entre los educadores que impliquen actitudes de apoyo, estima y colaboración. Esta relación deberá ser particularmente intensa entre los cursos inmediatos para que los alumnos puedan percibir una coherencia y continuidad en su trabajo, dentro de una necesaria y lógica diferencia y discontinuidad.
El educador mantendrá una estrecha relación con los padres de los alumnos, especialmente de los más necesitados, alentando todo lo que impulse la mejora educativa y el bien de los niños.
5.Valores
El colegio está abierto a la realidad multicultural del barrio de Marchalenes. En el respeto a las diferentes culturas, en nuestro centro, el Evangelio y la visión cristiana de la persona, hacen posible la integración de todos en un proceso de crecimiento y educación compartida.
En el colegio tenemos una línea pedagógica propia que se concreta en métodos, herramientas y materiales didácticos, al servicio del desarrollo personal de los alumnos y su aprendizaje.
Un plan de pastoral escolar y extraescolar que abarca todas las etapas educativas y que ofrece a nuestros alumnos el despertar o el desarrollo de la fe, y el cultivo de la vida espiritual, la iniciación sacramental y la inserción en la Iglesia Pueblo de Dios.
Nuestra pedagogía busca el crecimiento global de la persona y no la acumulación o adición de aptitudes, habilidades, competencias… mucho menos, contenidos. Considera al alumno como sujeto y no como mero receptáculo u objeto.
La atención a las distintas necesidades de las etapas evolutivas, en un ambiente de sana coeducación, es punto de partida básico en el planteamiento de todas las acciones educativas.
La acomodación a la capacidad real del alumno es un principio fundamental de todo planteamiento educativo. Por ello, el alumno debe estar, en la medida de lo posible, en el nivel que le corresponde según su grado de desarrollo.
No deben plantearse dicotomías entre el desarrollo educativo y el desarrollo religioso. “Piedad y Letras” deben prestarse recíproco estímulo en la acción educativa, ya que ambas inciden en el núcleo del ser humano.
En esta línea de conjunción fe-cultura, acogemos y hacemos nuestras las orientaciones de la Iglesia y, en particular las de la Congregación de Educación Católica de la Santa Sede y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española.
En la línea de la tradición recibida, mantendremos, en un clima de libertad, la virtualidad educativa de nuestras experiencias en la fe, iluminadas por una adecuada catequesis:
- La iniciación en el conocimiento y escucha de la Sagrada Escritura.
- Las experiencias vivas de la Iglesia.
- La iniciación en la oración (oración continua, en momentos significativos de la jornada escolar…)
- La frecuente participación en los Sacramentos de la Penitencia y Eucaristía.
- El testimonio de los santos, especialmente de los niños, y de los cristianos actuales.
- El amor a María y a la Iglesia.
- El compromiso apostólico con los más necesitados.
Las relaciones, que configuran un clima escolar sano, basadas en la verdad, y en la confianza entre las personas, así como en el respeto delicado a la responsabilidad y función de cada miembro de la comunidad escolar. Esa combinación de cordialidad y autoridad, posibilitará unas relaciones y un clima en el que todos puedan crecer en la libertad a la que aspira todo ser humano.
Los lugares, por la relevancia educativa de la estética, que, sin entrar en conflicto con la necesaria funcionalidad de unos espacios educativos, requieren una acertada combinación de sencillez y belleza. Un buen diseño de los espacios, los edificios, las aulas, así como su mantenimiento y limpieza, tienen una importancia capital en la educación de nuestros niños. El centro “espiritual” y del Colegio será el Oratorio o Capilla, preparado para recibir a los niños sea en grupos pequeños, sea, en la parroquia, en Celebraciones litúrgicas más numerosas.

